Arte y Amor vs. SIDA.
Segunda Edición.
Por: Marlon Brito López.
En el 2007, el televidente cubano presenció la teleserie La Cara oculta de la luna, que trataba acerca de la diversidadd sexual, el alcoholismo y el SIDA, para aquellas fechas el público cubano estalló en una serie de polémicas, con ellas había comenzado una nueva forma de tratar la sociedad cubana en temas, que hasta ese entonces era un tabú. He aquí mis impresiones.
Estuve leyendo las opiniones del portal www.cenesex.sld.cu/ abierto al debate acerca de la Serie Televisiva La cara oculta de la luna . Y como público y especialista en los medios, he tenido que detenerme a reflexionar muy seriamente acerca de la causa y el efecto que ha causado en el televidente cubano y en la critica especializada y he llegado a la conclusión, _ la misma que tuve cuando leí y discutí los guiones junto a mis compañeros del grupo creativo de series dramatizadas de la TV Cubana ,_ que es una serie didáctica cuya finalidad tiene el objetivo de orientar, promover y reconocer que la única forma preventiva de evitar el VHS SIDA es la de tener sexo seguro, protegido.
Los superobjetivos estaban muy bien definidos, alertar acerca de la peligrosidad de esta pandemia, existente también en nuestro territorio y que infecta a cualquier grupo, raza o credo. Reflexionar acerca de la eliminación de los prejuicios que acarrea o conlleva el tema del VHS-SIDA vinculado al sexo dentro de nuestra sociedad y en especial, la familia.. Existen otros superobjetivos, no solo de carácter ideológico, dicho en el buen sentido de la palabra, sino también de carácter artístico.
Es precisamente en el tema artístico donde me voy a detener, como artista tengo una definición muy personal de su significado y es que el arte es tan ambiguo y abstracto que hace un efecto latente para nuestras conciencias, sobre todo, cuando se refleja con honestidad y talento la sociedad en que vivimos y eso, eso es lo que precisamente se está logrando en la Serie La cara oculta de la luna .
Antes de La cara oculta de la luna nuestro público estaba prejuiciado, aceptaba ver en producciones extranjeras cualquier tipo de tragedia social, pero no había rebasado el umbral de la autocrítica, en honor a la verdad así nos estábamos engañando todos. En el mundo las cifras del SIDA se incrementaban de manera alarmante y en nuestro país, a pesar del excelente y profesional proyecto o plan de salud publica destinado a las enfermedades infecciosas, no se había logrado mayor eficacia en los medios la campaña propagandística en torno al tema del VIH-SIDA y ahí es donde entramos nosotros, los artistas, no bastaban conciertos y las canciones de Buena FE o los documentales de mi colega Belkys Vega y de otros compañeros, sino de llegar a nuestras casas, en un horario estelar, de forma artística efectiva, afectiva y respetuosa, y como ven estamos hablando de sentimientos y de ética, teníamos que hablar de nuestra tragedia de manera responsable, con amor y sin prejuicios, pues ocultándolos ya nos había causado grandes males.
Es entonces cuando se decidió hablar primero sobre cómo los jóvenes eran los más propensos al contagio, como grupo era el de mayor riesgo y en éste punto no podíamos permitirnos hablar con ambigüedades, la historia de Amanda y de Lester tenía que tocar las fibras más intimas de nuestras familias, pues los prejuicios morales y sexuales atentaban a conocer la verdadera cara del SIDA. Al final de esta historia los resultados fueron positivos, las familias se unieron y se amaron más, los jóvenes adquirieron conciencia plena acerca de la protección y los padres, los abuelos y los profesores se llamaron a la reflexión en cuanto de cómo asumir la educación sexual de las nuevas generaciones.
La segunda historia, la que habla de la libertad de conductas sexuales, expone claramente los riesgos que afrontan las personas bisexuales y homosexuales. Es este otro tema que había que tratar con honestidad y con alto vuelo artístico, tanto el equipo de dirección, los actores y la propia redacción dramática de la TV tenían que desarrollar una estrategia artística basadas fundamentalmente en la ética aplicada al tratamiento de la puesta en pantalla ya sea en cada una de las escenas como en la actuación, en esta especialidad se requería que fuese natural y orgánica, pues teníamos que evitar promover esas conductas ni de criticarlas injustamente o de manera equivocada, de lo que si estábamos bien claros es de que había que tratarlas con la humanidad que se merece cada grupo sexual y demostrarle al teleespectador que cualquier conducta sexual desprotegida puede adquirir el virus del SIDA, también se llama al amor y a la solidaridad de la familia y por qué no, al vecino o al compañero de trabajo, pues el SIDA no nos hace diferentes.
Con La cara oculta de la luna, a pesar de que no es
la obra perfecta, hemos roto con cánones preestablecidos en cuanto temas y tratamientos, pero tenemos la certeza de haber entrado en el corazón del pueblo, en cada casa, en cada calle se habla y se medita acerca del SIDA, ahora somos menos prejuiciados y más humanos, concientes de que la única verdad en está vida y la única fuerza es el amor. En él está la salvación y en él está el mundo.

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Es entonces cuando se decidió hablar primero sobre cómo los jóvenes eran los más propensos al contagio, como grupo era el de mayor riesgo y en éste punto no podíamos permitirnos hablar con ambigüedades, la historia de Amanda y de Lester tenía que tocar las fibras más intimas de nuestras familias, pues los prejuicios morales y sexuales atentaban a conocer la verdadera cara del SIDA. Al final de esta historia los resultados fueron positivos, las familias se unieron y se amaron más, los jóvenes adquirieron conciencia plena acerca de la protección y los padres, los abuelos y los profesores se llamaron a la reflexión en cuanto de cómo asumir la educación sexual de las nuevas generaciones.
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